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CASANDRA
Debió saberlo al disfrutar la escena:
a su paso, en la cuadrilla, una yegua se desata.
Incendia el viento, enloquecida.
¡Libertad! Dijiste, ¡Fuego!
El fuelle interno, en su entretela, lo clamaba,
pero ella no aceptó el presagio.
La yegua es perseguida con saña por los jacos
cesa el trote hasta llegar al precipicio,
cae hincando cascos candentes al viento.
Nadie dará oídos a tu aliento, frenética virgen alumbrada.
Nadie advertirá en tus ojos asidero.
No posarás tu cabeza hasta expirar.
Quien rechaza al sol,
a sus arrestos desatando la piel,
a sus destellos insertándose en el pubis,
sufre punición de altos rangos.
Siendo esclava de la duda morirás.
tomado de poemania 140-
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